1. Mi prioridad cada mañana será cultivar
mi vida espiritual por medio de la oración y la reflexión de la Palabra de
Dios.
2. Renunciaré cada día a todo estorbo
que me haga perder la noción de la realidad de Dios, de mi identidad
espiritual, de mi misión en el mundo y mi destino eterno.
3. No seguiré el punto de vista de los
demás, sino los de Cristo aunque nadie los obedezca y los consideren desfasados
para el tiempo presente.
4. Asumiré los retos de las diversas
áreas de mi vida con sabiduría, fe, responsabilidad, diligencia y valor;
sabiendo que Dios me va a respaldar en todo lo que emprenda siempre y cuando
sea bajo su aprobación.
5. Buscaré todos los medios y momentos
para compartir las enseñanzas de la Palabra de Dios a cuantas personas estén
bajo mi alcance; así como también reflejarlas con mi estilo de vida.
6. Me gozaré en Dios aunque todo tipo de
circunstancias contrarias predominen en mi entorno y amenacen con derribarme.
7. Revisaré mi lista de propósitos cada
noche para evaluarme y proponerme en
practicarlos con la ayuda del Espíritu Santo.
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